RAMÓN POMPILlO OROPEZA
1860-1937
Literatura
 

Sus virtudes le granjearon el nombre del "Mentor de Occidente".-
 

ENCICLOPEDIA LARA INTERACTIVA
C.A. El Impulso

Conocido por ser uno de los educadores más prestigiosos del occidente del país, Ramón Pompilio Oropeza, nació el día 13 de Noviembre de 1860 en Carora, Estado Lara. Fueron sus padres don Pastor Oropeza y la señora Francisca Álvarez Oropeza, su familia formó parte, aún sin poseer bienes materiales, de la selecta sociedad caroreña ya que su linaje así se lo permitió. Inició sus primeros estudios bajo la rectoría de la Señorita Felipa Espinoza, continuándolos de la mano de los educadores José Remigio Jiménez, José González y José Benito Hurtado con quienes completó la primaria y gracias al apoyo familiar se trasladó a la ciudad de El Tocuyo. Allí figuró entre los más fieles y aventajados discípulos de uno de los más grandes maestros de occidente en el siglo XIX, el bachiller Egidio Montesinos Canelón. En el Colegio de La Concordia el joven Ramón Pompilio obtuvo una sólida formación en el campo religioso y de las humanidades. A decir de quienes han estudiado su obra educativa, es por influencia del maestro Montesinos que se desarrolla en él la vocación de educador que lo llevó a dedicarse a este mundo por espacio de casi cincuenta años. Al egresar del Colegio de La Concordia en el año 1883 con su título de Bachiller en Filosofía, el joven Oropeza regresó a Carora y allí por un corto período de tiempo se dedicó a recibir clases de Derecho Canónigo, a la par que inició un largo camino por la educación regional, al dictar una cátedra de filosofía en el año 1884, luego que se produjera la muerte del Licenciado Lázaro Perera, acción con la cual un grupo de jóvenes caroreños logró culminar sus estudios y el propio Ramón Pompilio Oropeza tuvo la oportunidad de descubrir su vocación. En Agosto de este mismo año se traslada a la ciudad de Caracas a cursar estudios superiores en el área de las Ciencias Políticas; allí se destacó entre los mejores estudiantes, lo cual hizo pensar a sus condiscípulos que se convertiría en uno de los más brillantes abogados del país; Pero no fue así, su verdadera vocación ya había sido fijada durante su permanencia al lado del viejo maestro tocuyano a quien llegó a considerar un padre y cuyo ejemplo de vida consagrado a la enseñanza quiso imitar, dando muestra de esto en la propia Caracas al alternar sus clases en la universidad con la experiencia docente, al impartir clases de geometría, historia y física en instituciones como el Colegio Las Mercedes, el Seminario Metropolitano y el Colegio Venezuela, entre los años 1885 y 1886. Su entusiasmo por la ciencia que no implicó nunca el abandono de la religión, ya que era un fervoroso católico, lo llevo a presidir una sociedad científico-literaria junto a su compañero del colegio tocuyano José Gil Fortoul. Su estadía en la ciudad de Caracas culminó con la obtención del título de abogado otorgado por la universidad caraqueña el día 17 de Febrero de 1890. Casi de inmediato regresó a su ciudad natal, donde acoge la misión junto a otras importantes personalidades caroreñas de fundar un centro de enseñanza secundaria. Esta aspiración de la sociedad caroreña se hizo realidad el día 1 de Mayo de 1890, cuando el ansiado colegio que llevó por nombre La Esperanza, abrió las puertas a un grupo de jóvenes ávidos de conocimientos. De las aulas de esta importante institución educativa egresaron jóvenes que con el transcurrir del tiempo se convirtieron en verdaderas personalidades en el mundo de ciencia y la cultura en el país. Para mencionar sólo algunos citemos los nombres de: el bachiller Rafael Lozada, Rafael Tobías Márquiz, Pablo J. Álvarez, Agustín Oropeza, Pastor y Ambrosio Oropeza, Juan Carmona, Ambrosio Perera, Agustín Zubillaga, Luis Beltrán Guerrero, Juan Oropeza, Ricardo Álvarez, Miguel Ángel Meléndez O., entre muchos otros que deben en gran parte su formación al maestro Oropeza; quien con una vasta cultura humanística supo inculcar en sus alumnos la curiosidad permanente hacia el conocimiento. Es mucho lo que las nuevas generaciones de educadores podrían aprender de la obra de Ramón Pompilio, ya sea como educador, como ciudadano y como conductor de una conciencia pública. Su largo magisterio culminó sólo con su desaparición física el día 21 de Marzo de 1937.

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